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Sohbet: Lectura meditativa del «Himno de la Perla»

Comenzamos una nueva actividad dentro de nuestro Jardín Interior.

Sohbet es un término acuñado por el maestro Rumí y se refiere a esa reunión de sabios místicos en la que se produce la transmisión del conocimiento profundo. Ojalá que podamos traer alguna vez a ElJaín a alguna de esas personas que son transmisoras de la sabiduría perenne desde cualquiera de sus expresiones.

De momento nos conformamos con la lectura pausada, meditativa y silente de este maravilloso texto:

Se trata del llamado «Himno de la perla», un poema alegórico siríaco de los primeros siglos del cristianismo, con claras reminiscencias de las parábolas de los Evangelios – la parábola del hijo pródigo y la parábola de la perla de gran valor -, conservado en dos manuscritos del evangelio apócrifo de los Hechos de Tomás de los siglos X y XI.
Es recitado por el apóstol cuando, realizando misión «en la región de los indios» (hindúes), ingresa en prisión, de ahí el colofón con que termina en la versión siriaca de este evangelio: “Fin del himno que el apóstol Judas Tomás pronunció en prisión”, versión que compartimos con vosotras/os.
El Himno de la Perla
El Himno del Alma
(Acto IX, Capítulos 108-113 de los Hechos de Tomás)
-Himno del Apóstol Judas Tomás que se encontraba en la región de los indios ·
Cuando era un niño
vivía en mi reino en la Casa de mi Padre,
y en la opulencia y abundancia
de mis educadores me solazaba,
cuando mis Padres me equiparon
y enviaron desde el Oriente, nuestra Patria.
De las riquezas de nuestro tesoro
me prepararon un hato pequeño.
Era abundante, pero tan liviano que yo solo
podía llevarlo:
Oro de Bet ‘Elayye’ y
plata de la gran Gazak,
rubíes de la India,
ágatas de la región de Kushán.
Me ciñeron con duro acero,
capaz de quebrar el hierro.
Me quitaron la túnica brillante
que amorosamente Ellos
habían confeccionado para mí,
y la toga purpúrea
que había sido hecha para mi talla.
Hicieron conmigo un pacto y
lo escribieron en mi corazón
para que no lo olvidara:
» Si desciendes a Egipto
y logras traer la Perla única,
la que está en el fondo del mar,
cerca de la serpiente sibilante,
[entonces] vestirás de nuevo tu Túnica brillante
y la Toga que cae por encima de ella,
y con tu Hermano, el más próximo a nuestro rango,
serás el heredero de nuestro Reino.»
Abandoné Oriente y descendí
acompañado de dos guías,
pues el camino era peligroso y difícil,
y yo era joven para recorrerlo.
Atravesé por las fronteras de Mesena,
lugar de parada de los mercaderes de oriente,
llegué a la tierra de Babel
y penetré en las murallas de Sarbug.
Llegué a Egipto y
mis compañeros se separaron de mí.
Fui directo a la serpiente,
y acampé cerca de su morada,
esperando que la pudiera el sueño
y se durmiera y así
poder arrebatarle mi Perla.
Y cuando estaba absolutamente solo,
siendo un extraño para los compañeros
de mi posada,
vi allí a uno de mi raza,
un hombre libre, un oriental,
joven, hermoso y amable,
hijo de nobles,
y vino y se unió a mí.
Lo hice mi amigo íntimo,
un compañero en quien confiar mi propósito.
Le exhorté a guardarse de los egipcios
y de unirse a los impuros.
Y me vestí con sus atuendos
para que no sospecharan que había venido de lejos
para coger la Perla
e impedir que excitaran la serpiente contra mí.
Pero de alguna manera
se dieron cuenta de que yo no era de su país
y con engaños me hicieron comer de sus alimentos.
Olvidé que era hijo de Reyes,
y serví a su rey.
Olvidé la Perla
por la que mis Padres me habían enviado
y, a causa de la pesadez de sus alimentos,
caí en un profundo sueño.
Pero esto que me acaecía
fue sabido por mis Padres y se apenaron por mí
y salió un decreto en nuestro Reino,
ordenando que todos acudieran a nuestra Corte,
a los reyes y príncipes de Partia
y a todos los nobles de Oriente,
y determinaron sobre mí
que no fuera abandonado en Egipto.
Me escribieron una carta y
cada noble puso su firma en ella:
«De tu Padre, el Rey de reyes,
y de tu Madre, la Soberana de Oriente,
y de tu Hermano, nuestro segundo [en autoridad],
para ti nuestro hijo, que está en Egipto, ¡Saludos! [¡Paz!]
¡Despierta y levántate de tu sueño,
y escucha las palabras de nuestra carta!
¡Recuerda que eres hijo de Reyes!
¡Mira la esclavitud en que has caído!
¡Recuerda la Perla por la que
fuiste enviado a Egipto!
Piensa en tu Túnica resplandeciente
y recuerda tu gloriosa Toga,
con la que podrás vestirte y engalanarte
cuando tu nombre sea leído en el ‘Libro de los Valientes’ [Héroes],
y junto con tu Hermano, nuestro Virrey,
estarás en nuestro Reino.»
Y mi carta era una carta
que el Rey había sellado con su mano derecha
[para preservarla] de los malvados, de los hijos de Babel
y de los demonios salvajes de Sarbug.
Voló [la carta] como un águila,
el rey de todas las aves;
voló y se posó a mi lado,
y toda ella se convirtió en palabra.
A su voz y al sonido de su murmullo
me desperté y me levanté de mi sueño.
La tomé y la besé, rompí su sello y la leí
y las palabras de mi carta,
eran lo mismo que estaba grabado en mi corazón.
Recordé que era hijo de Reyes
y que mi ‘naturaleza libre’ buscaba su linaje.
Recordé la Perla
por la que había sido enviado a Egipto,
y comencé a encantar
a la terrible serpiente sibilante.
La hice dormir y caer en un sueño profundo,
cuando pronuncié el Nombre de mi Padre contra ella,
y el Nombre de mi Hermano,
y el de mi Madre, la Reina de Oriente.
Y le arrebaté la Perla,
y emprendí la vuelta a la Casa de mis Padres.
Me quité el vestido sucio e impuro
y lo abandoné en su país
y me encaminé directamente
hacia la Luz de nuestro país, Oriente.
Y mi carta, la que me despertó,
la tenía ante mí durante el camino,
y lo mismo que me había despertado con su Voz,
ahora me guiaba con su Luz,
pues la seda real [de la carta] mostraba
su forma luminosa ante mí;
su Voz y su guía también me animaba
a apresurarme y su amor me atraía.
Salí atravesando Sarbug,
dejé Babel a mi lado izquierdo,
y llegué a la gran Mesana,
el puerto de los mercaderes
que se encuentra a la orilla del mar.
Y mi Túnica brillante [Vestidura de Luz],
que yo me había quitado,
y mi toga que la revestía,
desde las cumbres de Hircania
mis Padres me las enviaron hasta allí,
por medio de sus tesoreros,
a los que, por su fidelidad,
se las habían confiado;
pero yo no recordaba su dignidad y
que las había abandonado en mi juventud
en la Casa de mi Padre.
Pero, repentinamente,
cuando la tuve frente a mí,
la Vestidura parecía un espejo de mí mismo.
En toda ella pude verme a mí mismo
reflejado por entero,
de manera que éramos dos diferentes,
y de nuevo Uno en una sola forma.
Y también a los tesoreros
que me la habían traído,
del mismo modo los vi,
dos en una sola forma,
un solo Signo Real grabado sobre ellos,
el [Signo] de Aquel que,
por medio de ellos,
me había restituido mi honor y mi riqueza,
mi adornada túnica brillante,
engalanada con magníficos colores,
con oro y con berilos,
calcedonias y ágatas,
sardónices de variados colores;
ella había sido preparada para enaltecerla,
todas sus costuras habían sido festoneadas
con piedras de diamantes,
y la imagen del Rey de reyes,
toda entera, por todo el [tejido]
aparecía bordada en relieve;
y, como la piedra de zafiro,
así sus colores eran variados.
Y nuevamente vi que toda ella [la Vestidura],
se agitaba sacudida por el Conocimiento [Gnosis].
Como si de nuevo fuera a hablar,
vi que se preparaba.
Oí el sonido de sus cantos,
que musitaba mientras descendía:
«Soy el más diligente de sus servidores;
por eso he sido enaltecido ante mi Padre».
Y también percibí como mi estatura
crecía al tiempo que realizaba sus trabajos.
Y con un movimiento regio
fue desplegándose toda ella hacia mí,
y de la mano de sus portadores
me incitó a tomarla.
Y también mi amor me urgía
para que corriera a su encuentro
y la recibiera.
Entonces extendí [mi mano] y la recibí;
con sus hermosos colores me engalané,
y quedé completamente cubierto
por mi Toga de brillantes colores.
Me vestí con Ella y fui elevado
a la Corte de la Paz y de la Adoración,
incliné mi cabeza
y adoré el Esplendor de mi Padre
que me la había enviado,
porque yo había cumplido sus Mandamientos,
y Él también Su promesa.
Y en la Corte de sus escribas,
entre sus nobles, fui mezclado,
pues se regocijó por mí, y
me había recibido, y yo
me encontraba con Él en Su Reino.
Y al son de plegarias
todos sus siervos Le alaban.
Prometió también que me presentaría
con Él ante la Corte del Rey de Reyes,
y, con mi ofrenda y mi Perla,
me mostraría junto con Él
ante nuestro Rey.
Fin del Himno que el Apóstol Judas Tomás, cantó en prisión»
Nos parece de tanta riqueza alegórica que me encantaría hacer una lectura profunda del mismo y compartirla en la «sohbet».
Aportación voluntaria para nuestro proyecto social Vivarium

Fecha

Feb 12 2024
Finalizdo!

Hora

7:00 pm - 8:30 pm

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